Tuesday, May 11, 2010

Desnuda en un espejo

Desnuda en un espejo
pareces imagen y reflejo,
pareces un eco desnudo
como tus desnudas tetas
en la circunferencia de tus pezones
como tu vientre vibrante
al recuerdo de algún cálido líquido
o como el ángulo de tu vientre
en la húmeda vía a tu sexo.

Desnuda en un espejo
tu silueta se vuelve clara
en el juego erotizante de las sombras
que bailan en la desnudez de tu carne
impregnándose de tus líquidos,
de tus disimulados sabores,
del tembloroso contacto de tus manos,
del vapor de tu cálida vagina,
del orgasmo que esconde tu mirada.

Desnuda en un espejo
pareces presa de ti misma
en un gemido monocromático entrecortado
entre algunos sí y no entreabiertos
por dónde se escapa el recuerdo de unos dedos
que hicieron explotar un grito desteñido
en donde el miedo y el sudor se confundían
cuando corrías de ti misma desbocada
y yo me tocaba pensándote al filo de mis ganas y palabras.

Thursday, April 8, 2010

Desnuda sobre tu cama...

Desnuda sobre tu cama
te ves tan indefensa sobre tu silencio
con tus ojos dibujando tus sábanas
en donde aún tu amante duerme
también desnudo sobre tu memoria
en el olor que dejó grabado magistralmente
en el ultimo sudor sobre tu espalda,
en la última venida sobre tus muslos,
en el último gemido dentro de tu boca.

Es que desnuda sobre tu cama
dibujas con tus pezones erectos
el angustioso espasmo del deseo,
la mudez de tu sombra entrecortada,
el sabor aglutinado en tu carne,
justo donde el pelo corre desbocado
por cada vello alerta de tu espalda
en donde se deletrea algún nombre desconocido
escrito con la última saliva sobre tus pechos.

Desnuda sobre tu cama
el color se vuelve anónimo sobre los grises
cuando la luz y la oscuridad erotizan las voces mudas,
cuando el cobre de tu espalda se difumina intranquilo
cerca de tus nalgas entreabiertas en vapores húmedos,
cerca y lejos de tus ojos transparentes e intranquilos;
es que alguna hora te descubrió desnuda sobre alguna cama
en donde se cuenta la historia del suicidio de algún orgasmo
que se ahogó desnudo en un poema en mis manos entre tus piernas.

Thursday, March 25, 2010

Un silencio se posa sobre tu carne

Un silencio se posa sobre tu carne,

desnuda tu espalda es un llamado a las ganas,

es la pista donde aterrizan mis deseos,

es la cordillera poblada de suspiros,

es el eco de la ropa que cayó al suelo

cuando unas manos acamparon cerca del cuello

y bajaron cabalgando gotas de sudor repetidas

por los montes de vellos erectos y sensibles

en donde ecos de amantes siguen contando

la leyenda de esa hembra caliente como verano,

húmeda como mar al contacto del marinero,

astuta como mirada escurridiza

cuando el color corre de tu forma casi inhumana

y el blanco y negro definen tus curvas

la cúbica forma de espalda erotizada,

la línea curva donde comienzan tus nalgas,

los círculos cóncavos de tus senos erectos,

los ángulos que encubren algún orgasmo;

es que un silencio se posa sobre tus carnes

desnudas de miradas que te definan,

intensa al filo de las palabras que te buscan escurridiza,

madura al paso de los años sobre tus marcas

cuando se tatuó sobre tu cuerpo/ papel mis ojos,

cuando se tatuó sobre tu cuerpo/ mar mis dedos

cuando se tatuó sobre tu cuerpo/ luna mi lengua;

es que cuando un silencio se posa sobre tu cuerpo

hay flores germinado del vapor de tu sexo,

hay una timidez de colores que se va tras mi sombra

la que se esconde tras un gemido denso y sonoro

con el cual tatúo tu último deseado grito al filo de mi miembro.

Monday, November 23, 2009

Cuesta abajo

Cuesta abajo de tus pechos erguidos,

de tus volcanes seducidos por la inercia,

de la cima de tus pezones dulces como fruta,

de tus costillas saladas como mar,

justo al toque de unos dedos y una lengua,

de tu vientre ancho como costa desnuda,

salvajes y temblorosas al contacto de unas manos,

amplio como el deseo en cada uno de tus poro,

de tu ombligo como ojo mudo,

como caverna donde se esconde astuto el deseo,

oscuro como algunas ganas que te nombran en silencio,

más abajo en ese llano ausente arbustos,

deseado desierto en donde acampan tantas ganas,

continente indomable de mis hambres sin tiempo,

justo ahí donde el color corrió,

donde se pinto en blanco y negro un orgasmo,

en donde la noche y el día corrieron a un mismo encuentro,

donde la luz y la sombra te tocaron a contratiempo

sin que mediara palabra o la erección de tus vellos,

ahí justo ahí mismo

donde tus dedos hace poco se humedecieron

de tus transparentes y deletreantes líquidos salvajes,

Justo ahí

en donde el vivir es una muerte silenciosa y agridulce

hay un temblor de estrellas naciendo de mis ojos,

un deseo que te llama y se viene tantas veces

sobre una cama que te espera y me reclamo al punto del grito

y justo ahí, cuesta abajo al filo de tu sexo

se cuece un ansia con el deseo de mi hombre

cuando tu clítoris dibuja sobre tus sábanas mi nombre.

Tuesday, August 18, 2009

Justo al filo de tu sombra

Justo al filo de tu sombra, tu cuerpo,
curvo como una isla en el mar de la noche,
silencioso como una gota sobre una hoja
cerca al toque de un deseo
cuando la carne es color y oscuridad,
cuando el deseo sabe ansias saldas
que se pierde por tu espalda semi húmeda
al paso lento por tus bellos erizados
de una mirada que te desnuda impaciente
el sabor de tu carne, el calor de tus poros,
que desmitifica la leyenda de tu hembra
en la resurrección de alguna muerte minúscula
o en la mirada de algún dios con nombre de poeta,
con hambres de carnes entre abiertas
donde tatuaste con tinta un deseo
mientras mis dedos rediseñan una caricia
muy cerca de tus nalgas como montes
mientras imagino la soledad de tu vagina
que humedece el sabor de mis deseos de ti;
es que justo al filo de tu sombra, tu cuerpo,
también la ausencia de tu rostro de espumas, tal vez,
y las formas de tus senos y pezones de miel;
al final de las cosas hay un algo en tu desnudez
que se me adhiere al deseo al que lleno de rostros
cuando cae sobre tu imagen mi penúltima gana
y un gemido tras de tu ausencia del que tal vez te enteres.

Tuesday, January 20, 2009

Entre negro y gris...

Al filo de lo oscuro, tu cuerpo,
justo al lado de la sombra una luz gris,
un silencio gris sobre una imagen a juego de luces,
un silencio excitado ante el encuentro
de una silueta de hembra casi diosa
y es que la luz se hizo oscura y nació tu forma
ante tu boca astuta que aún dibuja sobre el aire
la forma de mi miembro crucificado en tu lengua
en tu altar sin imágenes más allá del reflejo
de tus curvas sobre una pared vacía
vestida con tus líneas en movimientos lentos en el techo
cuando un viento sin color se posa al filo de tus senos
cuando un gemido se queda atascado entre tus poros
y una gota de sudor rueda por tu cuello carne abajo
en donde se ve la silueta de hombre desnudo y colorido
justo antes de venirse envuelto de líquidos y versos
pronunciando entrecortado tu nombre entre tus vellos
y es que corrieron los colores al no hacer falta,
es que el negro y el gris vistieron de gala tus ganas,
que tu camisa cayó despavorida ante la presencia
de aquel que llegaba encubierto entre las sombras
cuando estabas sola con tus deseos colgando de tus labios,
con tus hombros en un ángulo perfecto para el orgasmo
y es que la noche y el día fueron uno disueltos,
es que me vestí de gris ante el deseo sin rostro de tu imagen
cuando te encontré solitaria y de pie supurando misterios
y un rastro de saliva dibujado en espiral entre tus pechos.

Tuesday, October 7, 2008

Verde que te deseo verde...

Verde que te deseo verde,
verde pecho en donde arde grande,
el calor húmedo al filo de tu pezón inquieto,
el derecho en donde germina un poema suave,
el izquierdo en donde un verso vibra lento,
los colores que se transmutan en dos sabores
más allá de de la sensación de tu silencio
cuando tu mirada encubre un orgasmo fugaz
y cada vello erecto de tu cuerpo invita al pecado
en el verde monte como el que suda entre tus piernas,
el contacto exacto de mis manos apalabradas
o el rojo, rojo que me excito rojo, al filo
de tus senos como islas donde naufragan los ojos,
el contacto de tu sexo donde se cocina un latido
al paso de los sentidos que nombran las miradas
cuando mis dedos se posan sobre las letras
que me llevan a tu vientre casi exacto, casi tacto,
bajando cuesta abajo a tus pies con mi lengua,
subiendo cuello arriba con la nariz traviesa,
gateando espalda abajo con mi pecho intranquilo,
escalando dispuesto tus nalgas desveladas de ganas,
acampando camuflageado en alguno de tus párpados
cuando verde que te deseo verde,
verde isla desde la distancia de un suspiro,
verde mar como la ola salada que baja por tu cuello,
es que también a veces te deseo roja,
roja sangre, roja lengua, rojo clítoris al filo del toque;
es que muchas veces una foto tuya se me hace tan pequeña
que hago colores con mi miembro y ni te enteras.

Monday, September 22, 2008

Cuesta abajo...

Cuesta abajo de tus pechos
un calor a cielo, un calor a infierno late.
En el valle de tu vientre florecen las ganas
por la vía que dejó una lengua tímida
que corrió desbocada entretejiendo vellos
erizando gemidos finos como el suspiro de Dios
o del ángel que voló tras de tu sombra
y dejó caer una lágrima de hielo cerca de tu sexo
o el éxtasis de un Zeus, solo, en un monte sin Venus
en un río de silencio en la barca que conduce a quién sabe dónde.

Cuesta abajo tus pechos
la sombra en vértigo de tus pezones erectos y conversos
en el trazo de unos dedos a medio sudar, a medio rechinar,
a medio latir entre los intensos exploradores
viniéndose en caricias y silencios cerca de tus huesos
cerca de donde tus ojos pierden la forma y la norma
la cercanía del horno de tu sexo en donde se cuece
a fuego lento un orgasmo agridulce como mar
en tu piel en donde se tatúa con una mirada inquieta
el inquieto verso azulado de un pequeño dios.

Cuesta abajo de tus pechos
el último suspiro del último hombre sobre tu carne,
la silueta de la penúltima venida al borde solemne de tu sexo,
el olor de los últimos dedos que deambularon tu espalda,
un cubo derretido en la geometría de tu vientre inmenso;
es que no hubo otra opción y no la hay
es que calló la luz, la sombra corrió por la noche
tu vagina húmeda balbuceó el deseo de aquel miembro
que horas antes transito los espacios huecos de una imagen
en donde un hombre transcribe un orgasmo a recién estrenar.

Thursday, August 7, 2008

Cayó...

Cayó la luz escurridiza
florecieron sobre tu piel sombras
que nombraron cada poro de tu carne
en un bautizo sin dioses o altares
sin estigmas ni paradigmas

Cayó la ropa como hojas,
quedó tu carne vestida de una mirada
que cabalgaba por tus pechos temblorosos
hasta acampar en tu pezón derecho
con una erección de pupilas palpitantes.

Cayó el calendario,
tus cuatro décadas se esfumaron entre inciensos,
unos dedos se esfumaron vientre abajo
en donde ardía entre montes de brumas
un orgasmo bullendo a fuego lento y azul.

Cayó el día y la noche,
sobre tus cueros flores hincaron sus formas
en el olor de antiguos amantes trasnochados
que exploraron indecisos la silueta de tu hembra
la que un poeta supo desnudar entre palabras y olas.

Cayó tu voz y tu mirada,
tus ojos escaparon de la imagen y la imaginación;
quedaron tus labios rojos de deseos y esperas,
tus pechos caídos elevados por las ganas;
quedó el sabor de una lengua latiendo por tu espalda.

Cayó la palabra empedrada como tu cuello,
cayó el papiro en donde se tatuaba con tinta tu nombre,
cayó tu gemido bajo tu almohada sudada y olorosa,
cayó el jugo húmedo de tu sexo sobre una página,
pero aún no ha caído la palabra que callaste bajo un miembro erecto.

Thursday, May 29, 2008

Cuando se escapa la luz y queda...

Se escapo la luz entre tus piernas,
los colores corrieron desbocados en estampida:
un verde hincó raíces sobre tus ojos
en donde la forma de un hombre se reflejaba desnuda;
un amarillo se incrustó entre medio de tus pechos
en donde germinaba un calor semivestido;
un azul bajó por tu espalda sudada y entrecortada
hasta encuevarse entre tus nalgas erizadas y astutas;
un rojo se derritió cuesta abajo por los vellos de tu vientre
hasta transmutarse en un gemido suave
entre tus labios húmedamente escurridizos;
cayeron las sombras pesadas como juicios,
el gris tomó la carne y habitó cada rincón de tu silencio;
fue el día, fue la noche, fue el ocaso y el alba a un mismo tiempo,
fue tu carne fluorescente en las escarchas de una sábana arrugada
en donde se firmó con semen cálido y temblusco la palabra amor
cuando tus ojos se cerraban y tus pies marcaban el camino
a la cueva en donde se cocía lentamente una hostia con mi nombre
y tus manos caían sobre una cama deshabitada de vírgenes y dioses
cuando tus dedos tecleaban sobre el aire la trascripción de un grito.
Es que ahora que te miro de cerca y en clandestinamente,
los colores se reducen a unos pocos
y las ganas se multiplican a cada segundo
en cada rincón que te nombra hembra
es que me doy cuenta que dejaste
sobre mi memoria colgando tus matices
y mi carne con una sensación a cambas
con un pincel vibrando entre las piernas.